Mil veces estuve cansado de todo como hoy, pero hoy mil veces más. Tengo dentro de mi vacíos llenos de miseria y de fracaso: por eso prefiero esta noche rozar con el dorso de mi mano el rostro frio del olvido para que pierda su memoria y entonces recuerde todo. Eso quiero: un olvido que fluya eterno y sin memoria para que me recuerde tortuosamente y por siempre todo lo que hice mal. Y quiero más aún. Por eso, postrado y a la vez alzado con todas mis fuerzas inútiles me digo a mi mismo: sería bueno que siempre fuera tarde para tomar conciencia del hoy; pero no: el tiempo sobra. Vuelvo a sentirme derrotado por esa mezcla de recuerdos falsos que abandona premisas tontas, que suelta indiferente su manto morado de vergüenza y deja caer su piadosa mácula impía e impropia de tanto besar el suelo. Es injusto y es inmoral, ese sueño ausente que me tortura con un clamor de paz, condenándome a días eternos atado a la luz y sacudiendo mi letargo tortuosamente; ese sueño disfruta que me estoy muriendo erguido mil veces de pie. Y en un horizonte inventado se filtran anchos y sin caos los pasillos del sitio que nunca terminan bien porque la distancia los condena a eternizar su senda y cobardes agotan su andar olvidando lo que son. ¿Y porqué oigo muchos ruidos y no puedo escuchar el canto del silencio? ¿y porqué los colores son siempre grises para mí cuando destellan refulgentes para esa gente que aplaude? Si ellos lo ven y yo veo los veo que lo ven, estoy al margen de todos y poco me queda por andar. Sucede siempre y a la vez al pie del valle y en la cima del cielo. Falta menos. Ojalá me equivoque. Ojalá no.La memoria del olvido
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Mil veces estuve cansado de todo como hoy, pero hoy mil veces más. Tengo dentro de mi vacíos llenos de miseria y de fracaso: por eso prefiero esta noche rozar con el dorso de mi mano el rostro frio del olvido para que pierda su memoria y entonces recuerde todo. Eso quiero: un olvido que fluya eterno y sin memoria para que me recuerde tortuosamente y por siempre todo lo que hice mal. Y quiero más aún. Por eso, postrado y a la vez alzado con todas mis fuerzas inútiles me digo a mi mismo: sería bueno que siempre fuera tarde para tomar conciencia del hoy; pero no: el tiempo sobra. Vuelvo a sentirme derrotado por esa mezcla de recuerdos falsos que abandona premisas tontas, que suelta indiferente su manto morado de vergüenza y deja caer su piadosa mácula impía e impropia de tanto besar el suelo. Es injusto y es inmoral, ese sueño ausente que me tortura con un clamor de paz, condenándome a días eternos atado a la luz y sacudiendo mi letargo tortuosamente; ese sueño disfruta que me estoy muriendo erguido mil veces de pie. Y en un horizonte inventado se filtran anchos y sin caos los pasillos del sitio que nunca terminan bien porque la distancia los condena a eternizar su senda y cobardes agotan su andar olvidando lo que son. ¿Y porqué oigo muchos ruidos y no puedo escuchar el canto del silencio? ¿y porqué los colores son siempre grises para mí cuando destellan refulgentes para esa gente que aplaude? Si ellos lo ven y yo veo los veo que lo ven, estoy al margen de todos y poco me queda por andar. Sucede siempre y a la vez al pie del valle y en la cima del cielo. Falta menos. Ojalá me equivoque. Ojalá no.
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