El frio no ayuda cuando las brasas abandonan su ardiente pasión. Confieso que cada domingo me siento en la vía despreocupado; me gusta sentir que viene y que avanza impertinente, voraz, directo hacia mí meneando retazos de furia contenida por la felicidad desgarrada a gritos; no para y no para y eso simplemente será la voz del olvido en segundos nada más. Poblado de dudas avanzo, suelto entonces el lazo inconciente y despotrico contra todos, esos que brindan por la falsedad de la estirpe; de pronto me paro turbado enfrente y enjuago con mentiras las lágrimas de esta noche que por instantes se hizo luz tenue y poco creible; incandescente mi alma se desnuda despreocupada frente al espejo opaco de la realidad que solo refleja mi sombra y que no es ni la mitad de lo que pretendí hasta el final que hoy tiene fecha: esto se termina para mi: no seré nada a poco de enterrarme; el primer puñado de tierra será mi reto.
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