En la senda del tonto lo veo; aquel que despareja su andar por solo sentirse un instante dueño del camino. Es ahí donde se me figura un gigante, un verdadero titán que llega al burgo invocando poderes indemostrables de los que abusa por el terror que derrapa. Todo teme y todos temen.
Se detiene el tiempo dudoso de sí y se acobarda el sol que no se anima a salir. Son los letreros que se apagan a su paso, uno tras otro, cual si fueran antorchas sacrificadas en un ritual de sombras. Y son las aguas de las fontanas grises del bulevar que dejan de danzar sumisas, temerosas haciéndose lagos improvisados. También son los jacarandáes en miles de flores siempre dispuestas a un suicidio colectivo convertidas en alfombras de vida, los que ahora contienen el vuelo breve en honor a su presencia. Son deliciosos humos, aromáticos vapores y asfixiantes escapes es decir que son asados, lavaderos y camiones. Y son vómitos contenidos, llantos declamados y meadas impunes es decir que son cenas, amores y olvidos. Si un gorrion presumido que se creyó águila por día en la ciudad pudo lograr esto, por qué yo no salto y le pongo fin?
Se detiene el tiempo dudoso de sí y se acobarda el sol que no se anima a salir. Son los letreros que se apagan a su paso, uno tras otro, cual si fueran antorchas sacrificadas en un ritual de sombras. Y son las aguas de las fontanas grises del bulevar que dejan de danzar sumisas, temerosas haciéndose lagos improvisados. También son los jacarandáes en miles de flores siempre dispuestas a un suicidio colectivo convertidas en alfombras de vida, los que ahora contienen el vuelo breve en honor a su presencia. Son deliciosos humos, aromáticos vapores y asfixiantes escapes es decir que son asados, lavaderos y camiones. Y son vómitos contenidos, llantos declamados y meadas impunes es decir que son cenas, amores y olvidos. Si un gorrion presumido que se creyó águila por día en la ciudad pudo lograr esto, por qué yo no salto y le pongo fin?
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