Cuando el cueco se abstiene, devienen fiebres insólitas.Los fríos de Junius no pueden con algunos fuegos que encendió Mefisto en los Idus marzianos. Ya la paz otoñal hizo su intento y huyó avergonzada dejando caer su manto de impotencia.
Nadie teme que los frecuentes visos húmedos siquiera turben su intensidad: porque es alabanza de los fieles ofrendar el sudor de sus cuerpos.
Loas al que arrastra las brasas y se consume eternamente sin agotarse nunca. Arde sin más y condena: Julius será la estiba de muchos y mes de sol. Y fue así que el Toblerone (amargo y suizo) se escurrió en las fauces impías como magma.
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