Si lo hubiera querido, no se me daba; yo subí en planta baja: ella ya venía. Ascendíamos ambos envueltos en un silencio duro e incómodo; de pronto abrí la puerta y el ascensor se detuvo: un espacio suficiente se abría al vacío negro e interminable. Supongo que estábamos por el piso 20. Dudé un instante y en el otro instante la tiré; mientras la veía caer yo sudaba de placer, cuando cayó: ya no. Será posible que las putas cucarachas no entiendan que deben morir si las tiran desde esa altura!

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