Monday, June 14, 2010



Historia de los dos que soñaron

El historiador arábigo El Ixaquí refiere este suceso:

"Cuentan los hombres dignos de fe (pero sólo Alá es omnisciente y poderoso y

misericordioso y no duerme), que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas,

pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre, y que se

vio forzado a trabajar para ganarse el pan. Trabajó tanto que el sueño lo rindió una

noche debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se

sacó de la boca una moneda de oro y le dijo: 'Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete

a buscarla'. A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó

los peligros de los desiertos, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos, de

las fieras y de los hombres. Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo

sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la

mezquita, una casa y por el decreto de Dios Todopoderoso, una pandilla de ladrones

atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron

con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta

que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros

huyeron por la azotea. El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el

hombre de El Cairo, y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca

de la muerte. A los dos días recobró el sentido en la cárcel. El capitán lo mandó buscar y

le dijo: '¿Quién eres y cuál es tu patria?' El otro declaró: 'Soy de la ciudad famosa de El

Cairo y mi nombre es Mohamed El Magrebí'. El capitán le preguntó: '¿Qué te trajo a

Persia?' El otro optó por la verdad y le dijo: 'Un hombre me ordenó en un sueño que

viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna

que prometió deben ser los azotes que tan generosamente me diste.'

»Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio y

acabó por decirle: 'Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en

la ciudad de El Cairo en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y

después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un

tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de una

mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño.

Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete.'

»El hombre las tomó y regresó a la patria. Debajo de la fuente de su jardín (que era la

del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Dios le dio bendición y lo recompensó y

exaltó. Dios es el Generoso, el Oculto."

(Del Libro de las 1001 Noches, noche 351)

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