Monday, November 19, 2007

Salí de la fonoaudióloga con la cabeza gacha, golpeado con un palazo que busqué y que sabía que me iban a dar cuando me repitiecen más concreta y gravemente lo que no quería oir (ja! qué paradoja!); frecuencias que dejo lentamente de percibir, registros que no registro, vibraciones que no se suceden en el alma sino en el aire, sensaciones que los demás perciben y que yo no me entero, susurros buenos y malos que todavía me avergüenzo hacerlos repetir. Salgo de esa tortura simulando agradecimiento, pero muy aturdido (ja! otra paradoja!) y las calles bulliciosas (supongo) de la noche temprana me encuentran caminando solo y por el medio de un tunel silencioso, muy íntimo: intencionalmente ido de lo que me rodea, pensando mucho en muchos. Atravesando una bocacalle me cruzo con un trío de chicos que venía charlando jocosamente (supongo II), no entendí nada: dos de ellos llevaban bastones blancos y el tercero iba en el medio y los abrazaba, también ciego: y verlos sin que signifique sentir pena ni nada por ellos, pensé obvia y egoístamente en mi y eso me sacó del pozo por un ratito: y pensé: hay cosas peores. Chau.

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